Famosa modelo muestra como disfruta un producto que difícilmente podría consumir.

La verdad publicitaria

Famosa modelo muestra como disfruta un producto que difícilmente podría consumir.
Famosa modelo muestra como disfruta un producto que difícilmente podría consumir.

“El Diseño no miente, es la publicidad.” —Frase popular del gremio.

Siguiendo con el tema de ayer (la Gran Idea en publicidad), tenemos mucha tela de donde cortar sobre lemas, redacciones y expresiones publicitarias. Tanto que me dedico un momento para hablar de la llamada “verdad publicitaria” o argumentos que utilizamos en la redacción de expresiones en publicidad.

Como consumidores y productores de publicidad tenemos que entender que todo eslogan, frase o argumento de venta puede utilizar distintas herramientas retóricas (de esculpir el discurso) la cual pudiese representar una sentencia, que bajo una perspectiva puede caer en ser verdadera y en ciertos casos cuestionable, o a veces solo adecuada a las necesidades y circunstancias de una audiencia que normalmente quiere escuchar que tiene ese beneficio, o puede desear un producto determinado.

Te doy un ejemplo de verdad publicitaria:
“¡Línea de Crédito Personal de tu compañía de teléfono! Dinero para pasarte las mejores vacaciones.”

En sentido estricto, un crédito no es que te estén dando dinero, aunque se puede convertir en él. Dinero en mano, aunque no es tuyo. No es ni una extensión de tu salario, un bono y por supuesto no te están regalando efectivo. Pero no podemos decir que no significa contar con dinero a la mano a fin de cuentas, lo cual lo traduce en esta llamada “verdad publicitaria”. Ejemplos como este hay mil.

Segundo, ¿cómo sabe la empresa que con ese dinero pasaré las mejores vacaciones que he tenido hasta el día de hoy? Esa presunción también es muy común en la estructuración de comunicaciones. Que por ser un hecho posible, se invita a creerlo. A probarlo.

¿Quién se tomaría el tiempo de demandar si fuese todo lo contrario? Pues aunque no lo creas sí llega a suceder, por lo que distintas entidades reguladoras de la publicidad moderan este tipo de mensajes. Siempre es recomendable dar seguimiento a casos ejemplares de empresas que no pueden demostrar lo que declaran, no dan la información completa o es publicidad engañosa. Se ha distanciado mucho de lo subliminal, engañoso y tramposo gracias a la cada vez mayor concientización de los Diseñadores de los anuncios y por supuesto de valores empresariales más responsables, conscientes y éticos.

Nosotros, al igual que como consumimos productos, debemos informarnos y cultivarnos intelectualmente para ser consumidores más inteligentes de estos mensajes; saber si nos quieren vender algo apelando las emociones, las necesidades o intereses muy íntimos. Y como mencionamos en el artículo anterior: mientras no podemos dejar de consumir, al menos sentirnos mejor haciéndolo, con una decisión más educada y finalmente deliberada. Nosotros como productores de esos mensajes por nuestra parte debemos ser más inteligentes, creativos y honestos para no incurrir en una manipulación cínica, y promover estos principios a los directores que normalmente son los que aprueban o solicitan este tipo de prácticas.

Entendamos que la verdad y la mentira no son los únicos recursos retóricos que se manifiestan en la comunicación promocional. Hay cientos de dimensiones y matices, como las mismas emociones humanas.

“Se puede engañar al cliente una vez, pero a partir de allí no volverán nunca”. Otro dicho popular en Mercadotecnia. Que la gente no es tonta.

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